Deben su nombre a su ubicación junto a la orilla de un río, que discurre entre dos montañas, y cuyo paso se asemeja a un dragón. Su construcción comenzó a fines del siglo V, cuando los Wei del Norte, que tanto hicieron por la difusión del budismo en China, trasladan su capital a Luoyang. Durante muchos años, generaciones de escultores tallaron en la roca de la ladera de la montaña más de 100.000 imágenes de Buda, agrupadas en casi 2000 cuevas de todos los tamaños, y más de 700 nichos. Cada emperador y cada noble contribuyerón a la construcción de esta obra de arte. Las Grutas se siguieron construyendo durante las dinastías siguientes, Sui y Tang, aunque la mayoría datan del siglo VI y VII. Hoy en día se extienden casi mil metros en la ladera de la montaña. Junto con las Grutas Mogao en Dunhuang, y las de Yungang en Datong, son consideradas uno de los tres tesoros de la escultura china.